Arte callejero en Gràcia.

Viaje exprés a Barcelona

Tras un tiempo sin escribir por diversos motivos quiero contar mi último viaje. Hace poco, me escapé dos días a Barcelona. En el calendario llevaba tiempo apuntada la presentación de los libros de Aniko Villalba, Juan Pablo Villarino y Laura Lazzarino autores de Viajando por ahí, acróbata del camino y los viajes de nena respectivamente. Con esa innecesaria excusa para visitar de nuevo la ciudad, y dado que encontré billetes baratos los cuales me costaron tan solo 12 euros ida y vuelta con la compañía de autobuses ALSA, armé la mochila y me fui a la ciudad.

El viaje de ida fue entretenido, ya que estuve conversando con una mujer y un chico donde la primera conversación comenzó comentando con la mujer el precio de los billetes: la mujer se quedó sorprendida al conocer el coste de mis billetes puesto que a ella, un solo trayecto le había costado el triple que a mí la ida y vuelta. La conversación prosiguió por otros derroteros como la famosa crisis y algunas recomendaciones para visitar en la costa alicantina. El chico, obrero de Castellón, me comentó que se largaba a buscar trabajo al extranjero, aprovechando que tenía amigos allí. Mal tienen que estar las cosas aquí para que una persona sin idiomas se lance a la aventura de buscar un sustento en otro país. Le deseo la mejor suerte.

En la estación me esperaba Guillem, que volvería a darme cobijo en su casa. Por si eso no fuera suficiente, tengo la suerte de que su casa está en pleno barrio de la Sagrada Familia: es decir, que tengo el monumento de Gaudí a pocos metros. Además, también tengo cerca el Hospital de Sant Pau, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Tras dejar las cosas, conseguí convencerlo para dar una vuelta y después de una buena caminata acabamos paseando en la nocturnidad por calles del Barrio Gótico. Pasear de noche por allí es toda una experiencia, completamente diferente a hacerlo de día. Las calles están vacías y ya no quedan apenas turistas, y los que hay suelen estar despistados o borrachos como el caso de un extranjero, que había perdido a un amigo y nos preguntó si habíamos visto a un rubio corriendo. La única calle con actividad es La Rambla, donde mujeres de la noche, vendedores de cerveza, policía, algún turista y gente de lo ajeno conviven. Aun así, creo que Barcelona es una ciudad bastante segura, al menos si tus respuestas a ciertas personas son en catalán, haciendo ver que no eres turista.

Amor nocturno a las puertas de la catedral.
Amor nocturno a las puertas de la catedral.
Amor nocturno.
Amor nocturno.

 

Al volver en el autobús nocturno, también nos encontramos a un despistado. Era un chico que buscaba su hostal: primero nos enseñó la dirección, pero luego sacó el móvil con el gps activado y, por lo visto, y sin que lo llegáramos a comprender, se había montado en un autobús que le alejaba de su destino.

El día siguiente, era el día de la presentación. Antes de eso, fuimos a comprar una camiseta a unos fotógrafos que se han agrupado con el nombre de fotomovimiento. De camino a su encuentro nos encontramos con un puesto de ANC donde decidí firmar por el referéndum. No lo hice porque crea que es algo posible o cercano en el tiempo, ni tampoco porque yo esté a favor, ya que no me corresponde a mí tomar esa decisión; sobre todo lo hice porque estoy cansado de que los políticos y medios metan el tema de Cataluña hasta en la sopa. Yo sólo sé que cuando estoy de visita no me excluyen por no hablar catalán. Además, es sorprendente el número de banderas independentistas que hay en la ciudad, por lo que no creo que sea sólo el deseo de unos pocos.

Tras mi firma y adquirir mi camiseta nos fuimos a la charla. El lugar elegido fue Betahaus, un local para que los autónomos puedan tener un espacio de trabajo. La charla no defraudó y fue interesante ver que los autores no son extraterrestres, más bien todo lo contrario, son más humanos que muchos de nosotros. Al final, y pese a que la idea era sólo comprar uno de los libros (el que ya había leído), al final salí del lugar con los dos ejemplares. Después de eso ya sólo quedaba pasar la tarde/noche con amigos.

Presentación de los libros Días de viaje y Caminos invisibles.
Presentación de los libros Días de viaje y Caminos invisibles.
Arte callejero en Gràcia.
Arte callejero en Gràcia.

El día siguiente y el último, aprovechamos para dar una vuelta ya que mi autobús salía a última hora de la tarde. El día transcurrió entre Ciutadella, Barrio Gótico y La Barceloneta. Pudimos disfrutar del final de un concierto dentro de la Basílica de Santa María del Mar, de las ruinas e historia de la ciudad que se encuentran en el Centre Cultural del Born, para acabar recorriendo el barrio de La Barceloneta. Éste era uno de los pocos sitios turísticos que me faltaban por recorrer. Si bien el paseo de la playa es un lugar excesivamente turístico para mi gusto, sólo hay que adentrarse una calle para que el ambiente cambie completamente, dando paso a un barrio de los de toda la vida. De hecho, asistimos a una especie de concurso de música para chavales del barrio.

La jornada se fue acabando y a mí me tocaba coger un bus para regresar a Valencia, ya que al día siguiente tenía que madrugar.

Relax en el parque.
Relax en el parque.
Concierto en Santa María del Mar.
Concierto en Santa María del Mar.
Chica entre el público.
Chica entre el público.
Ropa tendida.
Ropa tendida.
Extendiendo las alas.
Extendiendo las alas.
Gaviotas al vuelo.
Gaviotas al vuelo.
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