Puesta de sol desde el vuelo KL1706 de KLM con destino a mi escala en Amsterdam. / Sunset from KL1706 KLM flight with destination to a layover in Amsterdam.

Otros recuerdos de mi Erasmus, parte I: mi llegada a Bergen

Lo que viene a continuación es, lo que espero que sea, la primera de una serie de entradas complementarias de lo escrito en el resumen que hice del 2013 a principios de año. Comenzaré con mi viaje de ida y primer día en Bergen.

Puesta de sol desde el vuelo KL1706 de KLM con destino a mi escala en Amsterdam.
Puesta de sol desde el vuelo KL1706 de KLM con destino a mi escala en Amsterdam.

Mi llegada a Bergen tuvo lugar el 2 de agosto del 2012. Fue un vuelo con la aerolínea KLM desde la T4 de Barajas, en Madrid, y con una larga escala de bastantes horas dentro de Schiphol en Amsterdam. Tengo que decir que es un aeropuerto que me agradó bastante. Al llegar por la noche, el sitio estaba de lo más tranquilo. Una chica joven que dormía plácidamente en la zona de espera, alguna persona más descansando en los cómodos sillones y personal del aeropuerto.

Era una noche de tormenta con algún que otro rayo, y yo, veía a la chica dormir plácidamente sin preocuparse demasiado por sus pertenencias. He de decir, que estábamos en la zona que existe después de pasar los controles de seguridad. Yo la miraba con envidia. Sin poder dormir, debido a que era mi primer viaje aéreo en solitario y resonaban en mi cabeza las voces de familiares, conocidos y demás gente diciendo que si me dormía, me podían robar. Al final, una hora antes de que mi vuelo saliera, me quedé totalmente dormido. Por suerte, me desperté con diez minutos de margen para no perderlo.

Cuando aterricé en Bergen estaba totalmente agotado. La maleta no estaba en buenas condiciones por el trato recibido por el personal y, estaba lloviendo. Yo en ese momento pensé que era mala suerte. Luego descubrí que lo raro es que saliese el sol en esa ciudad, la más lluviosa de Europa.

Nada más salir del aeropuerto me monté en el autobús que llevaba a la ciudad, no sin pagar primero, unas 60 Coronas Noruegas, unos 10 Euros, descuento de estudiante incluído. Tras entenderme con el conductor, y después de disfrutar de un corto viaje lleno de emoción por lo desconocido, en el cual sólo veía naturaleza por todas partes, conseguí llegar a Byparken, centro de Bergen. Ahí empezaba el reto de buscar las oficinas del SIB, donde tenía que recoger las llaves de mi habitación, entre un grupo de calles laberínticas y, con subidas y bajadas. En la misma situación, pero sin arrastrar una maleta que parecía que se iba a romper en cualquier momento, hubiera disfrutado de mi paseo.

Desde mi ventana.
Primera de muchas fotografías que hice desde la ventana de mi habitación.

Una vez encontrado el lugar y presentado mis papeles, me dieron a elegir habitación, ya que había llegado de los primeros del semestre. Yo decidí, que después de tantos años viviendo en pisos con poca altura, quería lo más alto posible. También quería buenas vistas. Y eso fue lo que pedí. Por suerte, se me concedió el deseo, ya que más tarde descubriría que las vistas eran las mejores posibles y la altura era la última a la que el ascensor llegaba. Lo de depender del ascensor en una residencia de estudiantes tiene sus pegas, pero eso lo dejaré para otra historia.

Bárbara, Inma y Gus.
De derecha a izquierda: Bárbara, Inma y Gus en una de las habitaciones de la residencia.
Disfrutando de la primera cena en Bergen con buena compañía.
Disfrutando de la primera cena en Bergen con buena compañía.

Una vez conseguidas las llaves, ya contento, salí a descansar cuando me di cuenta de que, despistado de mí, me había dejado todos los papeles dentro. Yo, totalmente acalorado, entré y sólo me salió la palabra “paper”. Sorprendentemente, el chico que estaba atendiendo me entendió a la primera. Fue entonces cuando escuché la pregunta: “¿Español no?”. Oir mi idioma en ese momento fue bastante relajante. Tenéis que entender que, en ese punto del día, yo sólo quería coger la cama o un rincón donde echarme y dormir. Me puse a hablar con ellos y resulta que eran Bárbara, Inma y Gus, dos valencianas y un alicantino que apenas llevaban unas horas en Bergen y con los que fui a hacer las primeras compras.

La primera compra creo que fue la que más me dolió. Una compra sin nada excepcional que me costó unos 100 Euros. Yo no tenía la tarjeta preparada para pagar tanto en ese momento, por lo que tuve que pagar parte con tarjeta y parte con dinero en metálico.

Una vez hecha la compra fue el momento de coger el tranvía y ver, por primera vez la residencia. La primera impresión que da el edificio, no es nada alentador. Un edificio alto, de hormigón y para nada bonito. También la primera impresión que tuvimos todos al llegar a la habitación era que prácticamente teníamos suerte de tener cama porque la habitación mucho más no tenía. Ese fue el momento en que me uní a los recién conocidos españoles en busca de mobiliario abandonado por la residencia. En la residencia la gente reutiliza todo, desde sofás hasta vajilla para la cocina. Si tienes suerte, y no has llegado tarde, puedes encontrar bastantes cosas útiles por las plantas del edificio.

Encontramos muchas cosas. Mi mejor tesoro fue un sillón reclinable que usé durante toda mi estancia allí. Una vez que la habitación tenía algo más de forma decidí que ya era hora de dormir. Cogí el paquete de papel higiénico para usarlo de almohada y el saco, que siempre llevo a los viajes. Y dormí como nunca.

Post in English – Entrada en inglés.

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2 comentarios en “Otros recuerdos de mi Erasmus, parte I: mi llegada a Bergen”

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